10 de febrero – “Cuando la gente se enteraba dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas… y los que lo tocaban quedaban sanos” (Mc 6,53-56)

Quiero tocarte, Señor,
y quedar sanado,
comenzar de nuevo,
gozar de una nueva oportunidad,
sentir qué se siente al ser perdonado por ti.

Quiero tocarte, Señor,
y saberme entero,
regalado por tu misericordia,
acariciado por tu ternura,
mimado por tus palabras de esperanza
y tus gestos siempre solidarios.

Quiero tocarte, Señor,
y dejar que seas el protagonista de mi vida,
que seas tú el que oriente, dirija y acompañe mi vida,
que seas tú mi único Dios y Señor.

Quiero tocarte, Señor,
y quedar limpio de toda falta,
de toda crítica,
de todo mal pensamiento,
de todo orgullo y de toda falta de humildad.

Quiero tocarte, Señor,
y dejarme tocar por ti:
aquí me tienes,
haz conmigo aquello que tienes pensado para mí,
dame la oportunidad de vivir tu proyecto
con hondura y profundidad,
sabiéndome herido, necesitado y pequeño
a la sombra de tu perdón,
de tu inmensa compasión
y de tu presencia permanente.

Haz que me entere dónde estás
para que deje todo y vaya hacia ti
para tocarte y quedar sano. Así sea