10 de marzo – “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme” (Mt 25,31-46)

Abre los ojos, me dices hoy, Señor.
Abre las ojos, despierta, entérate de la vida,
de lo que pasa y de cómo pasa todo cuanto acontece.

Abre los ojos, me dices hoy, Señor,
porque estoy aquí,
más cerca de lo que piensas,
mas sencillamente de lo que te imaginas,
mas cotidianamente de lo que pudieras esperar.

Abre los ojos, me dices hoy, Señor,
y descubre que hay hermanos tuyos que pasan hambre,
que no tienen que echarse a la boca,
que no tienen ni un plato de alimento para sus hijos,
que desfallecen de hambre en un mundo que tira la comida de manera escandalosa
y que destruye los excedentes que la tierra produce
para que el mercado no “sufra” demasiado.

Abre los ojos, me dices hoy, Señor,
y hazte cargo de que hay miles de millones de personas
que no tienen qué beber,
que mueren literalmente de sed cada día,
que no conocen qué es beber un sencillo vaso de agua cuando arrecia el calor del sol, mientras nosotros dejamos los grifos abiertos sin control,
mientras nosotros gastamos miles de litros de agua en lavar un coche
o en engalanar las flores de un jardín que duran apenas unas semanas.

Abre los ojos, me dices hoy, Señor,
y fíjate en la cantidad de forasteros -inmigrantes sin papeles los llamáis hoy-
que vagan por las ciudades buscando oportunidades,
queriendo ser más felices,
deseando demostrar que también ellos son seres humanos,
que también ellos quieren vivir en paz, tener un trabajo y poder formar una familia.

Abre los ojos, me dices hoy, Señor,
y sensibilízate con todos aquellos que no tienen que ponerse,
que viven desnudos mientras que nuestros armarios y trasteros
acumulan ropas de otras temporadas por si acaso.
Abre los ojos, me dices hoy, Señor,
hay mucha gente enferma, dependiente, deprimida,
sola, deseosa de ser curada, acompañada…

Abre los ojos, me dices hoy, Señor,
porque hay demasiada gente en la cárcel, necesitada de una visita,
de una palabra de esperanza, de motivos para seguir viviendo,
de perdón y misericordia.

Abre los ojos, me dices hoy, y despierta.
Ponte en marcha,
disponte a dar de comer, de beber, a hospedar, a sanar, a acompañar,
a comprometerte con la vida de los otros.
Porque cada vez que haces eso con alguien lo haces conmigo. Así sea

oscar.alonso©oracionesdiarias