11 de diciembre – “El que tenga oídos que escuche” (Mt 11,11-15)

Señor, tengo oídos y oigo,
pero reconozco que no siempre te escucho,
que no siempre me interesa escucharte.

Señor, aquellos que han escuchado mucho,
aquellos que su vida es una escuela de escucha de tu Palabra
nos recuerdan que escuchar y escucharte es todo un arte, todo un don.

Señor, escucharte es en primer lugar callar,
callar para empezar a oír, algo que a menudo olvido con frecuencia.
Callarme para que el protagonista seas tú,
para que sea tu Palabra la que guíe la conversación.

Señor, escucharte es también hacer silencio,
silenciar a fin de recogerme,
estar atento y centrarme en lo que me dices.

Señor, escucharte es dejarte hablar,
dejar que manifiestes tu voluntad para conmigo,
dejar que me expongas tu proyecto
para poder discernir qué quieres de mí.

Señor, escucharte es también sentir lo que tú sientes,
sentir como tú sientes,
sentir que también yo estoy llamado
a tener entrañas de misericordia.

Señor, escucharte es sentirme a mí mismo,
descubrir mis claridades y cegueras,
mis rumores, mis luces y sombras,
mis talentos y mis miserias,
pero sin romper la comunicación contigo.

Señor, escucharte es observarte completo,
no sólo lo que dices sino cómo lo dices,
con qué gestos me hablas,
con qué conductas te diriges a mí.

Señor, escucharte es recordar con fidelidad lo escuchado
a fin de poder evocarlo y ponerlo en práctica en mi vida cotidiana.
Señor, hazme oírte y escucharte,
estar atento a tu Palabra en las palabras de la vida. Así sea

oscar.alonso©oracionesdiarias