11 de febrero – “Escuchad y entended todos” (Mc 7,14-23)

Señor, habla, que este hijo tuyo escucha.
De todas mis sorderas, de todos mis despistes,
de todas mis traducciones interesadas,
de todas mis excusas al compromiso,
de todo lo que me impide escucharte con claridad
y ponerme manos a la obra, líbrame Señor.

Señor, habla, que este hijo tuyo escucha.
De todas las tareas que me impiden llevar adelante
la misión que me encomiendas,
de todos los horarios interminables
que no me dejan saborear el tiempo,
de todas las cadenas que yo mismo me acabo poniendo
y que me mantienen atado, casi esclavizado,
a tantas cosas que no me dejan avanzar en libertad, libérame Señor.

Señor, habla, que este hijo tuyo escucha.
De todas mis buenas obras,
de todo cuanto dicen que hago bien,
de los agradecimientos, del sentirme profundamente feliz,
de lo que contribuyo al trabajo de equipo,
de mis aportaciones a la vida familiar,
de mis preocupaciones para que los otros estén bien,
cuidados y acompañados,
de todo eso hazme sentir satisfecho y agradecido.

Señor, habla, que este hijo tuyo escucha.
Que te oiga, que te escuche y te entienda.
Que mi corazón traduzca simultáneamente
lo que me dices al oído cada día
y pueda convertir en sentir y en hacer
lo que del Reino me susurras al oído.

Que cuando te escuche a ti te vea.
Que cuando me oigan hablar a mí te escuchen a ti.
Que cuando tú hables y a mí me escuchen, te vean. Así sea

oscar.alonso©oracionesdiarias