11 de marzo – “Vosotros orad así… Padre nuestro del cielo…” (Mt 6,7-15)

Padre, no tío, ni colega, ni amigo, ni padrino, ni padrastro, ni compañero… PADRE.

Nuestro, no sólo mío, ni sólo tuyo, ni de algunos privilegiados, ni sólo de los que creen, ni tan sólo de los de recta conciencia y vida intachable, también de aquellos que no le conocen o nadie les ha mostrado su rostro y su corazón.

Que estás en el cielo, es decir, en todo, en todos, en ese lugar sin espacio, en ese espacio sin lugar, en el que todos veremos cumplidas nuestras esperanzas. Ese espacio donde ya no hay ni llanto, ni dolor, ni lágrimas ni tristezas.

Santificado sea tu nombre allí donde estamos, allí donde vivimos y trabajamos, allí donde te conocen y donde aún nadie les ha hablado de ti. Un nombre que habla de justicia e igualdad, de salvación y de felicidad plena, un nombre que habla de restitución de dignidades y de oportunidad.

Venga a nosotros tu Reino ese que se parece a cosas sencillas de la vida, a un tesoro escondido, a un grano de mostaza, a un banquete de bodas, a la levadura que hace crecer el pan… un Reino que es más reinado tuyo que otra cosa.

Hágase tu voluntad no la nuestra, tu proyecto no los nuestros, a tu estilo no al nuestro, como tú quieras, donde tú quieras, pero tu voluntad.

Danos hoy nuestro pan de cada día, el que necesitamos, el que ganamos como fruto de nuestro trabajo, el que hace que los demás también tengan su porción de pan para vivir. Danos cada día la posibilidad de alimentar a otros y que se produzca de una vez ese milagro de que nadie pase hambre nunca más.

Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a lo que nos ofenden, danos capacidad de perdonar y de ser perdonados, capacidad de discernir qué debemos elegir cada vez, qué debemos relativizar y qué necesita ser curado y sanado.

No nos dejes caer en la tentación del poder, de ser más que nadie, de creernos mejores que todos, de aparentar lo que no somos, de pretender vivir de espaldas a ti, de desear todo y en todo momento, de creernos autosuficientes.

Y líbranos del mal, de todo mal, de todo aquello que hace que los seres humanos nunca estemos en paz, de todo aquello que nos divide, cercena y destruye, de todo aquello que nos aleja, empobrece y nos hace injustos.
Amén.

oscar.alonso©oracionesdiarias