12 de septiembre – “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?” (Lc 6,39-42)


Señor, al leer tu Palabra hoy me pregunto:
si veo por qué veo tan poco;
si veo, por qué estoy tan ciego;
si veo, cómo es que mi corazón no se estremece
y me hace reaccionar ante todo aquello que nos ciega.

Señor, tu pregunta de si “acaso puede un ciego guiar a otro ciego” hoy la hago mía.
Sé que antes que nada, antes que nadie,
primero debo poner en orden mi casa, mis razones, mi fe,
mis modos, mis emociones, mis prejuicios, mis objetivos, mis expectativas y deseos… mis ojos…
y saberme necesitado de ti para ver con claridad,
para saberme , reconocerme y a aceptarme siempre necesitado
de que me enseñes a caminar, a sentir y a ver como tú.

Señor, te doy las gracias porque me sé discípulo,
me sé en camino, me sé en la escuela de la vida… aprendiendo.

Te pido que nunca olvide que soy discípulo tuyo, no maestro;
que nunca olvide que soy caminante
y que no he llegado a ninguna meta,
que no olvide que soy yo el que te sigue y tú el que me acompañas,
que sueñe siempre con ser maestro cuando termine mi aprendizaje,
consciente de que este dura toda la vida.

Gracias por ser discípulo.
Gracias por guiarme y ser luz para mi vida. Amén

oscar.alonso©oracionesdiarias