3 de junio: «Dios es un Dios de vivos» (Mc 12,18-27)

Señor Jesús, en este momento en el que estamos, después de haber vivido tan de cerca la muerte de tantos miles de personas, algunas de ellas muy cercanas, cuesta explicar a la gente que eres un Dios de vivos. Nos cuesta incluso a nosotros dar respuesta a esa pregunta de ¿dónde estabas? y no perder de vista que jamás has estado tan cerca nuestro.

Señor Jesús, vives y tu vida nos, da vida a nosotros. Vives y nos quieres vivos y vivificadores. La situación que hemos vivido, para los creyentes, ha sido un verdadero bálsamo, un verdadero lugar seguro en el que fundamentarnos. Confiados en ti nos hemos dejado guiar y nos hemos dejado mecer en tus brazos para que tú nos sostuvieras y nos dieses vida y vida abundante.

Señor Jesús, Dios es un Dios de vivos y así nos quiere. Este tiempo ha sufrido en sus propias carnes la muerte de sus hijas e hijos y nos ha hecho fuertes para poder estar cerca de los que lo necesitaban y los ha dado palabras y nos ha inspirado gestos solidarios para dar vida a quien lo necesitaba.

Señor Jesús, Dios es un Dios de vivos y nosotros somos sus manos, sus pies, su mirada y su corazón en medio del mundo. De modo especial, en medio del mundo sufriente y más vulnerable. Danos vida, haznos vida para que otros te vean en nuestros gestos y palabras, en nuestros deseos y oraciones, en nuestros compromisos y servicio. Gracias por ser el Dios de nuestra vida. Así te lo decimos. Así sea

Óscar Alonso Peno

Responsable Área Pastoral FEC