14 de mayo: «Soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca» (Jn 15,9-17)

Señor Jesús ¡cómo me gustan estas líneas de tu Evangelio! ¡Cuántas veces las habré leído y cuántas veces sigo descubriéndome en ellas! Elegido, destinado, dando frutos y acompañado por ti para que lo que me has encargado permanezca en el tiempo ¡se puede pedir más!

Señor Jesús, hoy te doy gracias por haberme pensado, por haberme elegido y llamado por mi nombre. Gracias por haber contado conmigo para ser testigo del Evangelio de la alegría. Gracias por permitirme mirarte a los ojos y frente a frente hablarte como discípulo tuyo que soy. Gracias por confiar tanto en mí.

Señor Jesús, hoy te doy gracias porque no sólo pensaste en mí, sino que además tienes un plan para mí, todo un proyecto de vida y por eso me destinas para que tu voluntad se haga vida en mí. Y me destinas, no para quedarme tranquilo y sentirme un privilegiado llamado a acomodarse, sino como un discípulo, como un amigo que envías para ir al mundo y transformarlo. Para ser sal y luz. Para sembrar mucho y dar fruto cuando tú consideres que es el momento.

Señor Jesús, hoy te doy gracias porque no sólo me pensaste, me elegiste y me destinaste para dar fruto, sino que además me prometes que estarás conmigo siempre. Compañero de camino, acompañante en la vida y en la fe. Garante de mi historia en la tuya. ¿Cómo podré pagarte tanto bien recibido?

Señor Jesús, hoy repaso mi historia personal contigo y descubro tantos motivos para agradecerte tanto como soy que en esta oración de hoy no quiero pedirte nada. Solo decirte GRACIAS por tanto y por todo. Sigue cerca mio. Yo seguiré tras tus huellas.

Así te lo pido. Así sea

Óscar Alonso Peno

Responsable Área Pastoral FEC