27 de abril: «La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado» (Jn 6,22-29)

Señor Jesús, creer en ti.

Vivir desde ti.

Confiar en ti.

Eso es lo mejor que nos ha pasado nunca.

Ese es el mejor regalo que nos ha hecho Dios a los creyentes.

Eso nos sana, nos salva y nos libera de todo.

Creer en ti ¡se puede pedir algo más!

Señor Jesús,

creer en ti pero no como un privilegio,

no como algo exclusivo y exclusivista,

sino creer en ti para ser felices,

para amar más a los demás,

para que los demás te reconozcan en nosotros

por los gestos y las palabras,

por las opciones y las acciones.

Señor Jesús,

creer en ti para estar con y por otros,

para desgastarnos sirviendo a los que necesitan ser servidos,

para que tu nombre lo conozcan todos,

para que viéndonos te vean,

para que buscándote te encontremos

y para que encontrándote descubramos

quién es nuestro principio, nuestro fundamento

y nuestra razón de ser.

Señor Jesús, como en Emaús,

creer en ti porque partes para nosotros el pan

y porque nos invitas a partirnos por el bien de todos.

Creer en ti gratuita e incondicionalmente,

tal y como tú nos cuidas y nos quieres.

Creer en ti porque eso nos conforma y nos realiza.

Señor Jesús,

creer en ti en toda circunstancia,

ante toda dificultad,

en los momentos de gozo y en las situaciones

de incertidumbre y desconfianza.

Creer en ti porque tú así lo quieres.

Haznos creer en ti, confiadamente.

Hasta el final.

Así te lo pedimos. Así sea