14 de febrero – “Levantando los ojos al cielo, suspiró y dijo “Ábrete” y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar” (Mc 7,31-37)

¡Ábrete! me dices y aquí estoy dispuesto.
Gracias por hacer tantas cosas en mí,
gracias por tanto bien recibido.
Gracias por tantas oportunidades.
Gracias por tanto cariño.
Gracias por estar siempre
y permanecer siempre a mi lado.

¡Ábrete! me dices y aquí me tienes disponible.
Gracias por tu perdón.
Gracias por tu bendición constante.
Gracias por acompañar cada paso,
cada etapa, cada circunstancia.

¡Ábrete! me dices y aquí me tienes a tu servicio.
Gracias por tu paciencia para conmigo.
Gracias por tu compromiso liberador.
Gracias por tu insistencia.
Gracias por cada regalo cotidiano.
Gracias por tu llamada a la radicalidad.
Gracias por sanarme, por curar mis heridas,
por tratarme siempre con amor verdadero.

¡Ábrete! me dices
y me descubro curado, sanado
y devuelto a la vida, a la acción, al compromiso de ser tu testigo
allí donde tu voluntad me ha llevado.

Gracias, Señor, por abrirme a la vida y a la esperanza. Amén