15 de febrero – “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis…” (Mt 25,31-46)

Señor Jesús,
obras son amores y no buenas razones.
Lo sabemos. Lo decimos. Lo explicamos,
¿lo llevamos a la práctica?
En este año jubilar de la misericordia,
nos levantamos hoy y tu Palabra
sacude fuerte nuestros compromisos,
nuestras razones, nuestras acciones,
nuestras excusas y atajos.

Señor Jesús, ¿dónde estás? ¿Dónde encontrarte?
Nos preguntamos a menudo,
sobre todo cuando sentimos la necesidad de que nos acompañes,
de que nos des calor,
de que nos asistas con tu ternura.
Y tú nos respondes siempre lo mismo:
estoy ahí fuera, en la calle, en la vida de la gente,
especialmente en la mala vida de la gente más pobre o empobrecida.
Estoy en los que pasan hambre,
en los que no tienen que beber,
en los que andan buscando un hogar que les dé calor,
en los que no tienen qué ponerse para vestirse… ahí estás.
Pero ahí nos cuesta más verte
porque nos parte la vida por la mitad
contemplad esas acciones y no hacer algo.

Señor Jesús,
hoy sólo te pedimos que nos des fe y fuerza de voluntad
para salir al paso de tantos hermanos y hermanas nuestras
que sufren y que necesitan que practiquemos con ellos
las obras de misericordia, es decir,
los principios básicos de humanidad desde el amor incondicional
que nos dejaste
y que hoy nos recuerdas una vez más.
Así sea

oscar.alonso©oracionesdiarias