15 de septiembre – “Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe” (Lc 7,1-10)


Señor, ¿cuánta fe tengo?
¿Cómo medir si tengo poca, bastante, mucha, ninguna… fe en ti?
¿Será que tendré que contar las veces que me acuerdo de ti?
¿Será que tendré que anotar los días que celebro la eucaristía con mi comunidad? ¿Será que tendré que revisar las oraciones que te dirijo?
¿Será que tú te entretienes en esas cosas
o será que el único modo de saber cuánta fe tengo
es ver cuánto te quiero cuánto quiero a los demás,
especialmente a los que no son de los míos,
a los que no me quieren, a los que no saben que existes
y que nos amas sin medida?

Señor, dame una fe recta,
auténtica, sincera, sencilla, sin complicaciones ni teorías,
sin demasiadas razones pero con capacidad para sanar,
restituir, unir, perdonar, acercar, acompañar y servir.

Señor, dame una fe viva,
cotidiana, casera, comunitaria, fraterna.
Una fe de andar por casa, una fe de amigo verdadero,
una fe llena de confianza y lealtad.

Señor, dame una fe entregada,
dispuesta a tener que reciclarse,
decidida a tener que actualizarse cada día,
comprometida con los demás… con todos los demás.

Señor, dame una fe que me permita vivir,
ver, escuchar, decir, creer, contemplar, anunciar
que tú eres el único en quien merece la pena creer,
porque creer sólo se puede en ti,
y en ti sólo se puede creer. Así sea

oscar.alonso©oracionesdiarias