16 de enero – “Si quieres, puedes limpiarme” (Mc 1,40-45)

Jesús,
hoy siento la necesidad de que, una vez más,
pases por mi lado para poder acercarme a ti
y para que me des la oportunidad,
si quieres, de limpiarme.

Conozco bien mis limitaciones y soberbias,
mis incoherencias y egoísmos,
mis mentiras e insatisfacciones,
mis errores y miserias…
conozco bien todas mis “lepras”.

Jesús,
tú que con extender tu mano,
tocar mi realidad y decir “queda limpio” me sanas,
te grito con fuerza desde lo más profundo de mí mismo ¡sáname!

Si quieres, puedes limpiarme,
restituirme a la vida,
devolverme la libertad de hijo,
concederme una nueva oportunidad,
dignificarme, purificarme.

Jesús, confiado hoy de digo:
si quieres, puedes limpiarme.

Dame la capacidad de entrar más dentro de mí,
de reconocer mis vacíos, mis inconsistencias y mis pecados.

Restáurame por dentro,
haz que me sienta integrado,
participativo, considerado… amado.

Jesús: si quieres, puedes limpiarme.
Aquí me tienes.
Tócame, mírame, sáname. ¡Devuélveme a la vida!
Sáname y capacítame para sanar a otros
para que mi estilo de vida sea tal
que haga que los últimos puedan resultar también integrados. Así sea.