8 de marzo: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?” (Mt 9,14-15)

Oración de la mañana

Señor Jesús ¡cómo nos gusta mirar a los otros, sobre todo cuando creemos que ellos no hacen lo que se debe hacer! Ahora que hemos comenzado la cuaresma, la práctica del ayuno se antoja necesaria para poder sentir en la propia vida, en el propio cuerpo, en lo más profundo de nosotros mismos, que no solo de pan vivimos. Necesitamos ayunar también nosotros. Ya nos lo recuerda tu palabra hoy: “llegarán días en que os arrebatarán al esposo y entonces ayunareis”.

Por eso, Señor Jesús, nos gustaría…

Ayunar de todo cuanto desvirtúe lo que somos para ser lo que estamos llamados a ser.

Ayunar de dureza de corazón para poder albergar más cariño y más ternura para con los otros.

Ayunar de murmullos y comentarios para hablar solamente de lo bello y de lo bueno de la gente.

Ayunar de rencillas y resentimientos para poder ser mujeres y hombres de perdón y reconciliación.

Ayunar de dispersión, de andar corriendo todo el día, del no parar para hacer más oración.

Ayunar de sentir miedo por todo para poder confiar más en ti.

Ayunar de mirar y remirar sólo nuestras cruces y las cruces de los nuestros para poder contemplarte más en la cruz y en ella a todos los crucificados de nuestro mundo.

Ayunar de decir que vamos a ayunar para vivir y gustar internamente la cuaresma que Dios quiere.

Ayunar de parafernalias, ritos complejos y demás escenografías para quedarnos solo con lo esencial, para poder estar en tu presencia sin nada más, recordando que tan solo somos lo que somos ante ti.

Así te lo pedimos. Así sea

Oscar Alonso Peno

Responsable Área Pastoral FEC

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