30 de enero: “Salió el sembrador a sembrar…” (Mc 4, 1-20)

Señor Jesús, 
al leer este evangelio se me mezclan muchos sentimientos,
muchas dudas me asaltan,
muchos deberes se me amontonan y se me agolpan las preguntas:
¿Seré yo ese terreno al borde del camino
que apenas retiene nada de tu Palabra?
¿Seré yo ese terreno pedregoso en el que la Palabra cae
pero al no tener raíces,
ante cualquier dificultad o contratiempo,
acabo abandonando y tirando la toalla?
¿Seré yo ese terreno lleno de zarzas
que por estar pendiente de todo, por no parar,
por estar siempre deseando,
acabo haciendo estéril tu Palabra?
Señor Jesús, 
a mí me gustaría ser tierra buena.
Me gustaría escuchar tu Palabra,
aceptarla, ponerla en práctica,
configurar mi vida según ella,
que mis gestos y palabras así lo atestiguasen,
y que diera una cosecha abundante.
Pero, Señor Jesús, 
tu Palabra ¡es tan exigente! ¡Es tan rotunda! ¡Requiere tanto de mí!
No estoy preparado para leerte,
escucharte desde dentro,
discernir lo que me dices y vivir desde ahí con hondura y profundidad.
Por eso en mi oración de hoy te pido
humildad para aceptar tu voluntad,
fe para ser tierra buena que acoge tu Palabra, sea cual sea,
tiempo para poder saborearla,
tu Espíritu y energías suficientes
para no sucumbir ante las dificultades
sino que en ellas tu Palabra obre lo que dice,
para que yo diga lo que obra en mí.
Así te lo pedimos. Así sea

Oscar Alonso Peno
Responsable Área Pastoral FEC

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