30 de noviembre: “Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres” (Mt 4,18-22)

Señor Jesús, gracias.
Gracias, un día más,
por recordarme que bordeando el lago de mi vida,
de mis enredos, de mis trabajos, de mis relaciones,
de mis compromisos, de mis prisas y cansancios,
eres tú el que acercándote a mí me dices “ven y sígueme”.

Señor Jesús, gracias.
Gracias porque sabes cómo soy,
sabes de mis miedos y mis rebeldías,
de mis debilidades y mis fortalezas,
de mis errores y mis aciertos,
de mis comodidades y de todo aquello que me sugiere ponerme en marcha,
y con todo eso te acercas a mí un día más y me dices “ven y sígueme”.

Señor Jesús, gracias.
Gracias porque pudiendo elegir a personas más listas,
más sabias, más ordenadas, más inteligentes,
más responsables y más buenas, tú vas y te detienes ante mí,
que soy olvidadizo, desordenado,
inconscientemente libre
y comprometido con las causas por las que quizás nadie dedica un segundo…
pero aun así, siempre que te busco te encuentro a mi lado,
escuchando mis últimos sueños y te escucho decir “ven y sígueme”.

Señor Jesús, gracias.
Gracias porque como a aquellos pescadores,
también a mí me gustaría cada día dejarlo todo y seguirte,
tenerte conmigo a cada paso, aprender de ti, verte actuar,
vivir como tú vivías y ser palabra
que dibuja horizontes y restituye dignidad a la vida.

Gracias Señor Jesús por tanto.
Así te lo pido. Así sea

Oscar Alonso Peno
Responsable Área Pastoral FEC

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