17 de enero – “Hijo, tus pecados quedan perdonados” (Mc 2,1-12)

Padre Bueno,
hoy resuenan muy dentro de mí
estas palabras de Jesús:
¡Tus pecados quedan perdonados!¡Mis pecados quedan perdonados!

A menudo me muevo entre la crítica fácil
y demasiado rápida y el murmuro,
entre la queja injustificada y sin contrastar
y la rebeldía a destiempo,
entre mi falta de visión, de recursos y de esperanza,
y mis limitaciones personales.

Pero hoy, y a pesar de todo eso,
siento las palabras de Jesús susurradas a mis oídos
y siento cómo resuenan con ternura dentro de mis entrañas:
¡Tus pecados quedan perdonados!¡Mis pecados quedan perdonados!

Hoy siento cómo otros que me acompañan por el camino de la vida
son capaces de levantar mi “camilla”,
son capaces de levantarme sobre la gente,
sobre los problemas, sobre las amenazas,
sobre el miedo a la equivocación y al ridículo,
y llevarme hasta ti, incluso teniendo que descolgarme desde el tejado
para que tus ojos se queden fijos en mí
y lleno de compasión y de misericordia me digas,
a pesar de todo, que mis pecados quedan perdonados.

Por eso hoy te pido que me hagas una persona agradecida,
templada, cariñosa.
Una persona capaz de saberse siempre en camino,
siempre necesitada de perdón,
siempre anhelando una mirada que me permita saberme amado,
a pesar de todo, a pesar de mis constantes caídas y faltas,
renuncias, incoherencias y miradas atrás.

Gracias Padre por concederme el don de ser perdonado,
de volver a empezar,
de sentirme nuevo y nuevamente agradecerte
que me susurres al oído, una y otra vez,
¡tus pecados quedan perdonados! Amén