19 de septiembre – “Jesús iba caminando de ciudad en ciudad, predicando el evangelio; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres” (Lc 8,1-3)


Señor, predicar el evangelio
es saberme querido por ti y que se me note;
es vivir cada momento como si fuese el último
y cada circunstancia como parte de tu proyecto para mí;
es decir a voz en grito que lo de tu Reino va en serio,
que está entre nosotros, en medio de nuestra cotidiana rutina
y que es una buenísima noticia para todos.

Señor, predicar el evangelio
es sentirme hijo, hermano y hermanado con todo y con todos;
es vivir con responsabilidad y gozo el regalo de la vida,
de los míos y de todos los otros,
a quien quizás nunca conozca,
pero a los que quiero porque son tuyos.

Señor, predicar el evangelio
es ir de ciudad en ciudad, de calle en calle,
de grupo en grupo, de comunidad en comunidad,
de espacio en espacio clamando justicia,
defendiendo a los más débiles,
dejarse la piel por defender lo bueno, lo bello y lo justo.

Señor, predicar el evangelio
es no dejarnos vencer por el desánimo
sino crecernos en las pruebas;
es mostrar a los demás con nuestra propia vida que los milagros existen,
que se puede vivir desde ti,
que el perdón no es una utopía para los débiles,
que la fe y la compasión mueve montañas y corazones,
y que la alegría de vivir no depende de nosotros
sino de si nosotros estamos acompañándote y dejándonos acompañar por ti.

Señor, predicar el evangelio es un regalo,
una suerte, una misión compartida
a la que me gustaría seguir siendo fiel
y en la que me siento feliz de la vida.
Mantenme en pie y atento,
acompañándote como aquellos Doce y aquellas mujeres. Así sea

oscar.alonso©oracionesdiarias