20 de diciembre: Al final de este adviento… ¡Ven, Señor Jesús!

¡Ven, Señor Jesús!

Ven y ayúdame a poner orden.

Ven, porque a veces la tristeza se instala en casa

y no quiero acostumbrarme a su presencia.

Ven y ocupa tu lugar en mi vida:

me he dado cuenta de que cuando no te dejo sitio,

toda mi conversación conmigo se centra en mis neuras

y pierdo la perspectiva de lo que pasa alrededor…

¡Ven, Señor Jesús!

Ven, que necesito que me recuerdes

cuáles son los argumentos que me mantienen vivo y despierto,

la razón primera, lo que me mueve cada día

y aquello para lo que estoy hecho.

Recuérdame quién soy

para que pueda volver a mirarme en el espejo y reconocerme

con la satisfacción de saberme en ti, eso y no más.

¡Ven, Señor Jesús!

Ven a aquellos que se levantan y se acuestan

sin descubrir un porqué a su día a día.

Ven a los que no encuentran un motivo para salir de la cama cada mañana.

Ven a aquel que llora por dentro,

mientras se esfuerza por mantener una imagen de fortaleza.

Ven a quien no sabe para qué está en este mundo.

Ven a aquellos que temen amar y ser amados.

Ven a quien no acepta su identidad,

a quien quisiera ser otra persona.

Ven a quien ha desterrado la idea de la paternidad,

porque considera una injusticia traer hijos a un mundo tan cruel.

¡Ven, Señor! ¡Llena de sentido nuestra vida!

¡Ven, Señor Jesús!

Ven a despertar el amor a lo pequeño.

Ven a despertar nuestra sensibilidad hacia lo débil,

lo insignificante y lo cotidiano.

Ven y danos entrañas de misericordia.

Ven y haznos capaces de gestos y acciones que lo cambian todo

y que se convierten en Buena Nueva para los otros.

¡Ven, Señor Jesús!

Ven, Señor, a nuestra Iglesia,

porque en ocasiones en lugar de amar a todos los que nos rodean,

dejamos que el odio o simplemente la indiferencia

se apodere de nosotros.

Ven, Señor, a nuestra Iglesia y a cada una de nuestras vidas

porque te necesitamos

para poder «amarte con todo nuestro corazón,

toda nuestra mente y todas nuestras fuerzas»

y así poder «amarnos los unos a los otros

como tú nos has amado» (Jn 13, 34-35).

¡Ven, Señor Jesús!

Ven, Señor, llena de alegría nuestros encuentros,

que seamos portadores de buenas nuevas,

que estemos muy por encima de las diferencias y de los prejuicios,

que vivamos con hondura y profundidad la fiesta,

que celebremos por todo lo alto tu venida,

haberte conocido y poder vivir ahora en ti y en tu nombre.

¡Ven, Señor Jesús!