20 de enero – “A vino nuevo, odres nuevos” (Mc 2,18-22)

Jesús,
al escuchar hoy tus palabras
descubro en ellas todo un programa de vida innovador:
¡A vino nuevo, odres nuevos!

Y me pregunto: ¿qué querrá decir esto en mi vida?
¿Qué vino? ¿Qué odres?

Y entonces me doy cuenta
de que la novedad de tu proyecto es tal
que apenas he de prepararme para que se haga vida en mí.
Tan sólo me dices ¡A vino nuevo, odres nuevos!

También me recuerdas
que no ande por la vida haciendo remiendos,
haciendo chapuzas, tapando una y otra vez los mismos agujeros,
quedándome a medias:
nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado
porque la pieza nueva tira de la vieja y deja un roto peor.

Por eso hoy te pido, Señor,
que me abras a tu novedad,
que me hagas innovador,
que sea capaz de acoger la novedad de tu proyecto,
que abandone los remiendos y los odres viejos
y haga fiesta y me divierta con el vino nuevo.

Gracias por invitarme un día más
a la fiesta de la vida.
Gracias por revestirme de oportunidad y de misericordia,
de compasión y de amor verdadero.

Contigo repito: ¡A vino nuevo, odres nuevos!
¡Ante lo roto y caduco, novedad! Así sea.