23 de octubre – “He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!” (Lc 12,49-53)

Señor,
ese fuego del que nos hablas hoy
ya ha prendido en nuestro corazón.
Ese fuego se traduce en nuestra vida
en pasión y entrega,
en acogida y servicio,
en anuncio y profecía.

Pasión por los demás, pasión con los demás,
pasión que sana, enamora y salva.

Entrega que no sabe de tiempos ni contrapartidas,
que no sabe de precios ni de rebajas,
que no se mide con números
sino con corazones agradecidos.

Acogida incondicional, siempre, a todos, gratis.
Acogida serena, fraterna, sencilla… dignificadora.

Servicio que más que hacer cosas es un estilo de vida.
Servicio que en lo pequeño hace grandes cosas,
que donde aparentemente no hay descubre tesoros.
Servicio que humaniza, vivifica y redime.

Anuncio que habla de buenas noticias,
de bienaventurados, de perdones sin fin,
de que los últimos serán los primeros,
de Jesús, patrimonio de la humanidad.

Profecía que irrumpe en la vida de la gente
y a nadie deja indiferente.
Profecía que va contracorriente,
que no se deja comprar ni apagar,
que provoca fuego,
un fuego que purifica y renueva.
Profecía que prende fuego en el mundo
y que nos llama cada día a mantener viva y encendida
la llama de la esperanza.

Señor, prende en mi corazón esa pasión y entrega,
esa acogida y servicio, ese anuncio y profecía. Así sea

oscar.alonso©oracionesdiarias