23 de septiembre – “Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra” (Lc 8,19-21)


Señor, mi madre y mis hermanos
son aquellos que viven haciendo el bien a los demás,
son aquellos que miran por el otro y por los otros
antes que por sí mismos,
son aquellos que nada quieren para sí
si no se puede compartir o si el prójimo, cercano o lejano,
no tiene lo indispensable para vivir.

Señor, mi madre y mis hermanos
son aquellos que viven sencillamente,
sin ataduras, sin demasiados trastos,
muchas veces a la intemperie, desapropiados,
expuestos a la vida y comprometidos con la vida de tantos.

Señor, mi madre y mis hermanos
son aquellos que se saben regalo para los demás,
que son conscientes de que todo cuanto son
no es fruto de la casualidad, ni de la suerte, ni de su esfuerzo,
sino fruto de tu amor incondicional por nosotros.
Un amor desmedido y en tantas ocasiones inmerecido.

Señor, mi madre y mis hermanos
son aquellos que hablan en parábolas,
viven las bienaventuranzas,
perdonan 70 veces 7 ¡por decir un número!,
cantan buenas noticias, incluso sin saber de tu evangelio,
ni de tu Palabra, ni de ti.

Señor, mi madre y mis hermanos
son quienes viven desviviéndose por los demás,
los que aman sin medida, los que perdonan sin condiciones,
los que sanan sin medicinas, los que escuchan siempre,
los que anhelan justicia y se comprometen por ella,
los que leen entre líneas,
los que saben interpretar los signos de los tiempos,
los que viven apasionados,
los que apasionan con su vida,
los que te alegran el día, el día que más lo necesitas.

Dame, Señor, esa madre y esos hermanos.
Porque ponen por obra, sin reloj y sin calendario, tu Palabra. Así sea.

oscar.alonso©oracionesdiarias