24 de enero – “Mientras subía la montaña, llamaba” (Mc 3,13-19)

¡Qué imagen!
¡Dice la Palabra que mientras subías a la montaña
fuiste llamando a tus compañeros de travesía,
a los que quisiste, para enviarlos a predicar y a sanar a la gente!

¡Mientras subías la montaña!
¡Qué fuerte!
Es como si ya desde la elección de los Doce
estuvieras señalando que la elección es un don
y una responsabilidad que entraña dificultades,
noches oscuras, subidas a la montaña y amargas soledades.

¡Fuiste llamando a tus compañeros de travesía!
Tu llamada no es una recompensa,
no es un título honorífico, no es un plus…
es una invitación, una vocación a la vida y a la esperanza de todos,
un servicio que se lleva a cabo en el día a día,
en las tareas que entraña la misión,
en aquello que tu voluntad designa a cada instante.

¡A los que quisiste!
Tu elección no fue improvisada,
no fue fruto de una selección de personal
realizada por una empresa especializada para ello,
no se hizo desde criterios de fuerza, belleza, cantidad, poder…
tu elección se hizo pensando en el reino,
en la sencillez y en el servicio que este comporta.

¡Para enviarlos a predicar y a sanar a la gente!
Tu propuesta no se queda en una llamada
y una respuesta en palabras sino que exige una respuesta vital,
un ponerse manos a la obra,
un matricularse en la escuela del Maestro
y caminar a su lado y tras sus huellas.
Es una propuesta que se vierte en los demás,
que se hace verdad y vida
en la predicación del evangelio
y en el hecho de sanar la vida de la gente.

Gracias Señor porque un día también yo recibí tu llamada
y en el camino de la vida sigo tras la hendidura de tus huellas
intentando serte fiel y sirviendo a los demás.
Gracias por haber pensado en mí. Amén