24 de marzo – “Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra” (Lc 4,24-30)

Profetas, Señor, necesitamos profetas.

Aún a sabiendas que predican
tantas veces en mitad del desierto,
a sabiendas que los suyos les miran con extrañeza,
no dan crédito de lo que se les proclama
y quedan desconcertados por su coherencia y su testimonio.

Profetas, Señor, necesitamos profetas.

Aún a sabiendas de que critican nuestras estructuras,
nuestras comodidades,
nuestras injusticias,
algunas o muchas de nuestras costumbres y tradiciones,
nuestros pactos con la mediocridad y por lo fácil.

Profetas, Señor, necesitamos profetas.

Aún a sabiendas de que sus palabras nos descentran,
nos zarandean,
nos exhortan con insistencia
y nos piden más servicio, más fe,
más esperanza, más caridad… más “espacio” para la utopía.

Por eso hoy, Señor, aunque ningún profeta es bien mirado en su tierra,
como tú, te pido que me hagas más profeta,
más coherente, más atrevido, más testigo tuyo.
Te pido que no tenga miedo al miedo,
que no me sienta solo cuando hable de ti,
que no crea que estoy lejos de ti
cuando trabajo por la justicia
y me comprometo con todo lo que humaniza lo humano
y derrota la desesperanza.

Señor,
aunque me pongan caras,
aunque me quede a veces solo,
aunque me cueste,
aunque tenga que remar contracorriente,
aunque me meta en líos por ti,
¡Hazme profeta! ¡Hazme profecía para los demás!
Así sea

oscar.alonso©oracionesdiarias