3 de noviembre – “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos” (Lc 14,12-14)

Señor, siempre nos han dicho
y decimos a los peques
que no hablen con extraños,
que nunca inviten a gente que no conocen…
Pero a nosotros que ya no somos niños
hoy nos invitas a invitar, desde el evangelio,
como lo hacías tú.

Invitar a los que nadie invita,
pensar en los que no son pensados por nadie,
ayudar a los que jamás ayudaron,
acompañar a los solitarios,
alegrar la vida del que sobrevive entristecido,
acariciar al que no siente ni padece,
escuchar mucho al que mucho lo necesita,
estar junto a aquellos que ya no confían en nadie,
apostar por los que siempre pierden,
entrenar a los que jamás ganarán,
sostener a los que siempre sostuvieron a otros,
abrir la puerta a los que jamás tienen tiempo
ni espacios para los otros.

Invitar a la fiesta de la vida a todos,
especialmente a aquellos a los que la vida no les sonríe demasiado,
aquellos a los que les cuesta levantarse cada mañana,
aquellos que lo han perdido todo y a todos los suyos,
aquellos que nos remueven las entrañas
y las conciencias cuando los vemos,
aquellos que piden a gritos sin voz
que quieren ser felices,
aquellos a los que la dignidad alguien les arrebató
o ellos mismos la han maltrecho con sus opciones,
aquellos que son tus preferidos y debieran ser también los nuestros.

Señor, haz que mi vida invite sin esperar recompensa alguna.
Haz que mi vida sea una invitación constante
para que nadie quede excluido de tu propuesta de felicidad. Así sea

oscar.alonso©oracionesdiarias