30 de abril – “Tanto amó Dios al mundo…” (Jn 3,16-21)

Contigo, Jesús,
yo no tengo necesidad de presentarme.
Tú ya sabes todo de mí.
Ninguno de mis pensamientos está escondido ante ti,
ninguno de mis deseos, ninguno de mis sueños.
Tú sabes cómo me llamo y me llamas por mi nombre.
Me llamas de tú y yo hago lo mismo:
¡No somos extraños!

Pero una cosa que no lograré jamás entender es ésta:
¿Cómo has hecho para enamorarte tanto de mí?
¿Cómo has hecho para amarme tanto?

Sobre tus espaldas has cargado mis pecados,
mis debilidades, mis miedos, mis cruces…
y has hecho mi camino, mi carga y mi corazón más ligeros.

También ahora lo estás haciendo, lo siento,
y por eso no tengo necesidad de hablarte hoy
de todos los detalles claros y oscuros de mi vida.
Tú sólo me pides que me acerque a la verdad y que sea luz. Y en ello estoy.

Gracias porque nunca me dejas vagar solo por el mundo;
gracias por la Iglesia que me acoge y me habla de ti.
Y gracias porque, cada vez, con tu amor,
me enseñas a amar.

Pero no quiero amarte solo,
¡Te lo digo y te lo repito tantas veces!
Por eso, hoy te presento a todo el mundo.
Que mi testimonio de fe invite a otros a buscarte
y que el camino que yo recorro contigo,
lleno de traspiés, no sea nunca solitario.

Es verdad, alguna vez me detengo también yo.
Entonces, cuando esté cansado, te pido, Señor,
que vengas tú y me lleves sobre tus espaldas:
yo intentaré no ser demasiado pesado. Así sea

oscar.alonso©oracionesdiarias