4 de febrero – “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa” (Mc 6,1-6)

Señor,
desde que me bautizaron
sé que soy profeta, sacerdote y rey.
No se puede ser más en tu Pueblo.
A veces olvido lo que significan esos tres títulos,
esas tres grandes responsabilidades,
esos tres grandes regalos que recibí hace años
y que estoy llamado a vivir y a defender
con dignidad, entrega y pasión.

Señor, soy profeta.
¿Soy profeta de algo?
¿Soy profeta en mi tierra?
¿Y en otras tierras, otros espacios que no son los míos,
otros lugares donde sé que tu mensaje
quizás no siente demasiado bien escucharlo?

Señor,
hoy te pido que me des vocación de profeta,
de persona comprometida contigo y con tu Reino,
de persona que denuncie la injusticia y la desigualdad,
de persona que anuncie libertad y bien,
prosperidad y paz en ti.

Señor,
¡es tan fácil ser profeta en otros lugares
y tan difícil que en casa me tengan por tal!
Te pido que me des la fe y el compromiso de vida necesarios
para que profetice con mi testimonio diario,
desde mi día a día,
también a las personas con las que vivo,
con las que trabajo y comparto camino.
Dame fuerza interior para soportar el rechazo,
la crítica y que algunos no crean que tú les amas con locura.

Señor, hazme profeta.
Hazme un poco de ti en medio de todo lo tuyo. Así sea

oscar.alonso©oracionesdiarias