4 de febrero – “Ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva… a ti de digo ¡Levántate!” (Mc 5,21-43)

¡Levántate! me dices,
cuando me ves rendido,
cuando me encuentras agotado,
cuando adviertes en mi mirada
el cansancio que generan los fracasos,
las luchas diarias, las propias debilidades,
los errores cotidianos y los miedos que agarrotan.

¡Levántate! me dices,
cuando me acomodo
y complaciente me siento a contemplar los pequeños éxitos,
las metas que alcanzo,
los proyectos que creo haber culminado
sin darme cuenta que mi vocación
es siempre caminar hacia el horizonte.

¡Levántate! me dices,
a pesar de las heridas,
de los dolores que provoca sentir, amar, creer y acompañar;
de las marcas que deja perdonar,
ser traicionado, negado y abandonado;
de las señales que uno provoca en los demás,
de los pecados cometidos contra los otros,
consciente e inconscientemente.

¡Levántate! me dices,
aun cuando me encuentras demasiado resignado,
demasiado entregado a lo fácil,
a lo de siempre, a lo de todos…

¡Levántate! me dices,
tu fe te ha curado,
no temas, basta que tengas fe.

Un día más
me levanto y siento
que no hay miedo capaz de detenerme,
que no hay herida capaz de hundirme,
que no hay duda capaz de hacerme olvidar
que creo en ti y que es la fe la que cura, restituye y envía. Así sea

oscaralonso©oracionesdiarias