12 de septiembre: “Dichosos los pobres, los que ahora tenéis hambre, los que ahora lloráis y a los que os excluyan e insulten por mi nombre” (Lc 6,20-26)

Señor Jesús,
¡cómo duele leer estas palabras!
¡Qué mensaje tan duro para nosotros!
¡Qué dicha tan incompatible con lo que vivimos cotidianamente!
¿Cómo van a ser felices y dichosos los pobres,
los que tienen hambre,
los que lloran y aquellos a los que se les insulta
y excluye por ser amigos tuyos?
La lógica del evangelio pone patas arriba toda nuestra vida,
todos nuestros criterios y prioridades,
toda nuestra religiosidad comodona
y tranquilizadora de conciencias.

Señor Jesús,
¿qué quieres que hagamos?
¿Cómo descubrir en los últimos,
en los entristecidos,
en los que nada tienen,
en los que no encuentran trabajo,
en los que son excluidos,
en los que tienen hambre y sed,
en los que no tienen ni derechos…
la razón de nuestra misión,
de nuestro seguirte para rescatarles de esas situaciones,
el motivo de alegría verdadera
y de ese regalo en el cielo del que nos hablas?

Señor Jesús,
te pedimos que nos des la fe y las fuerzas necesarias
para no pertenecer al grupo de los saciados,
de los que se ríen de los males ajenos,
de los “estupendos” que van por la vida sobrevolando a los demás,
con privilegios y con ese sentimiento
de que están por encima del bien y del mal.

Señor Jesús,
haznos dichosos a tu manera.
Haznos hombres y mujeres disponibles y comprometidos con los demás.
Personas sensibles a todo aquello que requiere atención,
acogida, rehabilitación, servicio, entrega y acompañamiento.
Haznos dichosos según tu lógica.
Así te lo pedimos. Así sea

Oscar Alonso Peno
Responsable Área Pastoral FEC

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