13 de marzo: «En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico… » (Lc 16,19-31)

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.
Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.
Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.
Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo:
“Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”.
Pero Abrahán le dijo:
“Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.
Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”.
Él dijo:
“Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”.
Abrahán le dice:
“Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”.
Pero él le dijo:
“No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”.
Abrahán le dijo:
“Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».

Señor,
en aquel tiempo como en este,
había ricos y pobres,
personas banqueteando y mendigos esperando migajas,
multimillonarios despilfarrando de todo lo que tienen
y millones de seres humanos
muriendo de hambre, de sed y de frío.

Señor,
en nuestro tiempo como en aquel,
hay injusticias, hay egoísmo,
hay mucha desigualdad,
hay mucha distancia entre los ricos y los pobres,
entre los privilegiados y los condenados,
entre los que deciden el destino de los pueblos
y los más pobres de esos pueblos.

Señor, aquel rico no tenía nombre.
El mendigo se llamaba Lázaro.
Hoy los ricos tienen nombre
y los pobres son tantos
que ni tienen papeles con sus datos.
Haznos sensibles a lo que ocurre.
Haznos solidarios con los lázaros
de nuestro mundo.
Haznos tú con ellos, en medio de ellos.
Así te lo pedimos. 
Así sea

Óscar Alonso Peno
Responsable Área de Pastoral FEC