9 de marzo: “Sed compasivos, no juzguéis, no condenéis, perdonad, dad” (Lc 6,36-38)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

Señor,
qué buena noticia tu Buena Noticia de esta mañana.
Nos invitas a que seamos compasivos como el Padre,
a que no juzguemos,
a que nos situemos con la suficiente distancia
y la necesaria cercanía como para no juzgar
a los demás.

Nos invitas, Señor,
a que no condenemos,
a que seamos capaces de discernir
los acontecimientos
y las situaciones,
a que no nos hagamos tan expertos en la ley
que terminemos por olvidarnos de las personas y sus circunstancias.

Nos invitas, Señor,
a perdonar.
A perdonar siempre.
A perdonar sin llevar cuenta del mal del otro,
a perdonar y olvidar,
a perdonar para sanar heridas,
reconfortar flaquezas
y ser más felices juntos.

Y como colofón de tu invitación de hoy,
nos invitas, Señor Jesús, a dar.
A darlo todo,
no casi todo.
A entregarnos
sin medida.
A poner nuestra mente, nuestras manos,
nuestro corazón, nuestros pies… a tu servicio.
Dad, nos dices,
porque cuando
nos damos
todo se nos devuelve multiplicado,
todo se nos revierte
de modo milagroso
en una medida que supera nuestra capacidad de comprensión.
Lo tuyo, Señor,
supera siempre nuestras expectativas
y cálculos.

Señor Jesús,
eso te pedimos hoy:
haznos compasivos, haz que no juzguemos,
haz que no condenemos,
haz que perdonemos
y haznos mujeres
y hombres para los demás,
como tú.
Así te lo pedimos.
Así sea

Oscar Alonso Peno
Responsable Área Pastoral FEC