21 de febrero: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga» (Mc 8,34–9,1)

En aquel tiempo, Jesús llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla? Quien se avergüence de mí y de mis palabras, en esta generación descreída y malvada, también el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando venga con la gloria de su Padre entre los santos ángeles.»
Y añadió: «Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar el reino de Dios en toda su potencia.»

Señor Jesús, queremos. Queremos seguirte. Nos gustaría poder decirte sí a lo que nos propones, claro que sí. Pero tu propuesta es exigente, no apta para los que nos gusta tenerlo todo bajo control y nos encanta elegir las cruces que creemos poder soportar.

Señor Jesús, queremos seguirte. Queremos que nos ayudes a reconocer nuestras propias cruces y que nos des la fortaleza necesaria para cargar con ellas. Danos la capacidad necesaria para asumir que la vida solo merece la pena si la entregamos, si la desgastamos por los otros, si la regalamos gratuitamente en el servicio a los demás.

Señor Jesús, que después de reconocer nuestras propias cruces y de cargarnos con ellas, te sigamos. En ese seguimiento necesitamos aprender de ti cómo se entrega la propia vida por amor, por puro amor al prójimo, en tu nombre.

Señor Jesús, que te sigamos sin peros, sin excusas, sin querer tenerlo todo controlado y asegurado. Queremos seguirte… Aquí nos tienes. Así te lo pedimos. Así sea

Óscar Alonso Peno
Responsable Área Pastoral FEC