6 de febrero: “Predicad, sanad y ungid” (Mc 6,7-13)

Señor Jesús, una mañana más siento que tu evangelio me despierta, me desinstala, me pide salir afuera, me da alas y me envía a los caminos, a las personas, a los acontecimientos para ser allí, en medio de todo y de todos, signo tuyo en medio del mundo.

Señor Jesús, acojo tu llamada y tu envío. Intentaré ser hoy palabra, tirita y bálsamo; anuncio, curación y ternura: predicación, sanación y unción. Quiero ir hacia los demás y que en mí te encuentren, que en mí te reconozcan, que en mí quieran seguirte a ti.

Señor Jesús, que mi predicación sea clara, sin demasiadas palabras, sin ninguna palabra que nadie entienda; una predicación sencilla, más hecha de gestos que de vocabulario, más de acción que de dirección, más de exhortación que de otra cosa.

Señor Jesús, que para quien vea herido, roto, cansado, desanimado, angustiado, perdido o con ganas de tirar la toalla yo sea ungüento, reparación y motivo de sanación. Que bendiga hoy a los demás con naturalidad, que les desee que tú les acompañes y que vayan contigo a donde sea.

Señor Jesús, que mi unción esté hecha con palabras de cariño, con gestos solidarios, con acciones milagrosas y con una mirada colmada de esperanza. Que unja con tu buena nueva la realidad que hoy me toque vivir y que la realidad que me toque vivir quede bendecida por ti. Acompaña esta jornada. Envíame. Dispuesto estoy. Así te lo pido. Así sea

Oscar Alonso Peno

Responsable Área Pastoral FEC