6 de febrero – “Salieron a predicar, ungían con aceite a muchos y los curaban” (Mc 6,7-13)

Gracias, Señor,
por haber pensado en mí,
por haberme elegido, por llamarme,
por respetar y esperar mi respuesta,
por enviarme junto con otros a la aventura
de extender tu Buena Nueva
allí donde me encuentro y allí donde me envías.

Gracias, Señor, porque me das la posibilidad
de salir a predicar, a conversar,
a narrar mi experiencia de ti y tu experiencia de mí,
de haberte conocido, amado y seguido.

Gracias, Señor,
por ofrecerme el don y la tarea
de encontrarme con los otros,
de ungirles con tu aceite, de sanarles por dentro,
de reconciliarles con ellos mismos y contigo.

Gracias, Señor,
por los compañeros de camino,
por su apoyo constante,
por su oración ininterrumpida,
por el ejemplo de su testimonio,
por el coraje de su denuncia de la injusticia y por su fe cierta.

Gracias, Señor,
por haber pensado en mí,
por haberme elegido,
por haberme enviado…
…para dar fruto y para que ese fruto permanezca.

¡Hazme profeta! ¡Profetiza mi vida!
Que salga a predicar,
unja con tu aceite a muchos
y sane con tu ternura y presencia. Así sea