7 de marzo – “¿Por qué tus discípulos no ayunan? (Mt 9,14-15)

Señor,
¡qué preguntas te hacían los discípulos de Juan y los fariseos!
Llamaba y llama la atención tu modo de interpretar y vivir la ley,
tu modo de acoger a los distintos y a los distantes,
a los perdidos, a los desviados,
a los alternativos, a los que no saben,
a los que no entienden… a los más necesitados.

Señor, y nosotros,
¿de qué debemos ayunar? ¿Para qué? ¿Cómo?

Creo, Señor, que debemos ayunar
no tanto de comida o de bebida,
sino más bien de nuestros gestos indiferentes,
de nuestra falta de compasión,
de nuestra tristeza,
de nuestras quejas continuas,
de nuestra cerrazón,
de nuestras preguntas insolentes,
de nuestros juicios rápidos,
de nuestro individualismo,
de nuestras ideologías petrificadas.

Creo, Señor, que debemos ayunar de nuestra fe sólo religiosa,
de nuestra fe apagada,
de nuestra fe poco testimonial,
de nuestra fe de milagros fáciles y cuando nosotros los pedimos,
de nuestra fe acomodada,
de nuestra fe puntual,
de nuestra fe debilucha y titubeante.

Creo, Señor, que debemos ayunar
de nuestras excusas constantes,
de nuestros recuerdos dolorosos,
de nuestras nostalgias paralizantes,
de todo lo que creemos que podía haber sido y no fue,
de todo cuanto nos empobrece y empobrece a los que me rodean.

Señor, dame la fe, la esperanza y la caridad necesarias
para ayunar de todo aquello que me separa de ti y de los demás,
de todo aquello que sosea mi fe y desvirtúa mi testimonio. Así sea.

oscar.alonso©oracionesdiarias