Final de curso… tiempo de siembra


Poco a poco -demasiado poco a poco, dirán algunos- se ha echado encima el final de curso. El mes de mayo y este mes de junio que va terminando se convierte en una cuesta arriba para todos: para alumnos pero también para todo el personal de nuestras escuelas. Además de corregir exámenes, hacer repescas y preparar lo que queremos que hagan en verano para que en septiembre no regresen a la escuela reseteados, el final de curso es tiempo no sólo de calificar (a fin de cuentas ¡qué calificación es la justa!) sino de evaluar. De evaluar y sembrar.

El final de curso nos coge a todos agotados. Ahora, además, es cuando algunas personas nos recuerdan con humor, con cierta ligereza y total desconocimiento que qué suerte tenemos, que ahora sólo tenemos tres meses de vacaciones (¡no sé de dónde se sacarán tantos días!). En fin… 10 minutos en un aula les bastaría para retirar de su mente esa idea tan alejada de la realidad.

“Dar clase” hoy, ser educador no sólo instructor o enseñante, es tarea harto complicada. Vocacionalmente retadora y rejuvenecedora, pero que comporta un desgaste y un cansancio nada despreciables.

Por eso me gusta decir que el final de curso es tiempo de evaluación, sí, pero sobre todo de agradecimiento y de siembra. Estos últimos días de curso, además de las interminables sesiones de evaluación y algunas horas dedicadas a la formación, nos toca programar el próximo curso, dibujar un horizonte y agradecer todo cuanto se ha vivido en la escuela… todo. Pero no sólo agradecerlo sino celebrarlo.

Sería estupendo que en todas las escuelas, tanto el cuerpo docente como el personal de administración y servicios pudieran compartir una jornada o una comida o cena, en la que se celebrara, en otro ambiente, el curso que ya han terminado los alumnos y nosotros cerraremos en unos días. Los educadores y todo el resto del personal que trabaja en la escuela necesitamos formación, acompañamiento, diálogo, apoyo, recursos… pero también celebrar nuestra tarea educativa, dar gracias a Dios por este curso y preparar el terreno para cuando regresemos en septiembre.

Final de junio… tiempo de siembra. No dejemos pasar la oportunidad de celebrar juntos este curso escolar. Hagamos nuestras las palabras de Pablo a los cristianos de la comunidad de Tesalónica: “Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Jesús, quiere de vosotros. No extingáis el Espíritu; no despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno”. Feliz final de curso. Feliz fiesta del agradecimiento y de la siembra.

Oscar Alonso