7 de mayo: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás” (Jn 6,30-35)

Señor Jesús, hambre y sed tenemos.
Hambre de justicia para todos,
especialmente para los que sienten sus derechos pisoteados.
Sed de que lleguen tiempos
en los que no haya que esperar igualdad
ni oportunidades para todos los hombres y mujeres,
sean de donde sean, venga de donde vengan.
Hambre de paz verdadera,
de la que no te quitan fácilmente,
de la que se construye con convivencia y relaciones fraternas.
Sed de salud,
de esperanza de vida, de calidad de vida
y de que la inteligencia le gane la batalla a las enfermedades.
Hambre de no ver a nadie pasando hambre,
mendigando unas monedas o un pedazo de pan.
Sed de un mundo más humano, más cuidado,
más sensible, más encaminado hacia la revolución de la ternura
que hacia su propia destrucción.

Señor Jesús, hambre y sed tenemos.
Y tú nos dices que si vamos a ti
no habrá más hambre y que si creemos en ti
no habrá más sed:
muéstranos el camino para encontrarte,
para disfrutar de tu presencia.
Danos la fe necesaria para creer en ti y no tener sed jamás.
Sacia nuestros anhelos, nuestras esperas y esperanzas.
Haznos pan para los demás.
Hazte pan para nosotros.
Así te lo pedimos. Así sea

Oscar Alonso Peno

Responsable Área Pastoral FEC

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