Primer domingo de Adviento: Despertad del sueño ¡Velad!

Is 2,1-5: “…Convertirán sus espadas en arados, sus lanzas en podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, ni se prepararán más para la guerra”.
Rom 13,11-14: “…despojémonos de las obras de la tinieblas y revistámonos de las armas de la luz”.
Mt 24,37-44: “Velad porque no sabéis que día llegará vuestro Señor… Estad preparados; porque a la hora que menos penséis llegará el Hijo del Hombre”

 

EVANGELIO
Lectura del Evangelio según san Mateo (Mt 24,37-44)


En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por lo tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor

 

La primera actitud necesaria para transformar nuestras tinieblas (silencios y cegueras cómplices, acciones egoístas, gestos insolidarios…) en luz es la de permanecer en vela, permanecer atentos y despiertos en medio de la oscuridad de la noche. Y, ¿qué quiere decir mantenerse en vela? Estar despiertos supone un esfuerzo por mantenerse atentos a lo que es nuestra vida, conocernos profundamente para saber lo que hemos de cambiar/convertir, aquello que está invadido por las tinieblas, por la desesperanza, por ese “es lo que hay” o ese “no hay nada que hacer” que a veces decimos con tanta tranquilidad y resignación.
Frente a la apatía que nos acecha e invade la vida, la Palabra de Dios nos invita a mantenernos firmes, a no dejarnos llevar por la monotonía y desenmascarar todo aquello que nos mantiene dormidos, ensimismados. No podemos dejarnos llevar por el sueño de la comodidad, por la dormidera de huir de los problemas, de aquellas cosas que aún están por resolverse y siempre pensamos que hoy no es el mejor día.
Hoy se nos invita a afrontar nuestra vida de cara, a dejar de huir de nosotros mismos, de nuestros complejos sin resolver, de nuestros miedos sin afrontar, de nuestro vacío escondido en el trastero de nuestra casa, de nuestros conflictos camuflados en el trabajo, la diversión y las mil formas de evasión que nos buscamos. Tomar nuestra vida en las manos no es nada fácil, es un ejercicio al que no estamos acostumbrados y del que huimos con enorme facilidad.
Cada uno hemos de pensar en aquellas dormideras que nos mantienen alejados de nuestra realidad, en un estado placentero, aparentemente agradable, pero del todo irreal y enfermizo. Podemos permanecer toda la vida así, adormecidos, viviendo sólo en parte, sin enterarnos del don maravilloso de la vida. Se acerca la navidad y si realmente queremos que Dios se haga presente en nosotros lo primero que hemos de hacer es despertar de nuestro sueño, de lo contrario pasará a nuestro lado y no nos enteraremos.
No dejemos para mañana lo que debemos hacer hoy. Basta ya de dar prórrogas a nuestros problemas, a nuestras tinieblas, nuestros conflictos, nuestros miedos… Ya es hora de afrontarlos. Pero en esta tarea no estamos solos, y esta es la gran baza que tenemos: que Dios está de nuestro lado, que si nos apoyamos en Él nos será más fácil convertir nuestras tinieblas en luz, nuestros silencios resignados en voz de los sin voz, encontrarnos con nosotros mismos y hacerle a Dios un lugar en nuestro corazón.
• Piensa en tu vida, en aquello que te adormece, que te acalla, que te mantiene alejado de tus conflictos y problemas. ¿Cuáles son tus dormideras?
• ¿Qué puedes hacer para mantenerte despierto y atento a lo que sucede en tu vida?
• Ponte una meta para este adviento: ¿qué puedes cambiar ahora de tu vida?