Tercera semana de Adviento: ¡Moveos! Id y anunciad con alegría lo que oís y veis

Is 35,4: “…decid a los cobardes de corazón: sed fuertes, no temáis.”
Sant 5,7: “Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca.”
Mt 11,4: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los sordos oyen…”

EVANGELIO
Lectura del evangelio según san Mateo (Mt 11,2-11)


En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» .
Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!.
Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti.” Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».

Palabra del Señor

 

El tercer domingo de adviento, domingo “gaudete” por la exhortación a la alegría que se hace en los textos litúrgicos, nos trae el anuncio de Isaías “…se alegrarán el páramo y la estepa” (Is 35,1). En nuestro cartel de adviento hemos colocado el ANUNCIAD. No podemos callar lo que recibimos como buena noticia: que el páramo y la estepa –esterilidad- florecen, que insospechadamente surgen frutos. El anuncio es para otros pero es anuncio de lo vivido, experimentado en nuestra propia vida y en otros. Necesitamos las denuncias: injusticias, atropellos de lo más débiles, de los sin voz, pero también necesitamos el anuncio de que la salvación es un hecho que se va abriendo paso en medio de las tinieblas. Hay personas, ONGs, grupos… que nos dicen con su testimonio: no seáis cobardes de corazón, no viváis encogidos sin atreveros a soñar, no os dejéis paralizar por los miedos y el desencanto, sed fuertes.
Anunciar lo que estáis viendo y oyendo, en presente, nos dice Jesús (Mt 11,4). Ser testigos supone saber mirar y saber escuchar. “Tened paciencia manteneos firmes…” (Sant 5,7). Aquí Santiago nos está dando pistas. No se trata de escuchar al que más grita, al más fuerte, no mirar sólo a lo que más nos deslumbra, sino saber ver entre destellos y oír entre gritos. Sólo cuando estamos durante tiempo mirando un paisaje, un cuadro… vemos los pequeños detalles; sólo cuando sabemos callar un buen rato somos capaces de escuchar sonidos, voces que nos pasan desapercibidos. Paciencia y firmeza.
Anunciar que Dios actúa silenciosa pero tenazmente, que nuestra cobardía de corazón es una realidad que frena y dificulta, que nos hace sordos y ciegos, pero que en Jesús nuestra ceguera y sordera tiene curación.