30 de abril: «Yo soy el pan de la vida» (Jn 6,44-51)

Señor Jesús, ¿quién eres? ¿Qué quieres de mí? ¿Cómo es posible que atraigas como lo haces, que llenes de alegría y seas fuente de vida para todos, una vida nueva e imparable, una vida que deja sin efecto toda muerte?

Señor Jesús, hoy tu palabra nos recuerda que eres el pan de vida. Pan… ese alimento que a todos nos evoca un alimento familiar, cotidiano, que se comparte en la mesa, al calor del hogar. Así eres tú, sencillo, “manso y humilde”, servidor, alimento cercano para lo más profundo de nuestro corazón.

Señor Jesús, sabemos que la fe, ese regalo inmerecido que un día nos hiciste, no es fe si es al margen tuyo. Y es que nada nos colma ni nos da paz interior, como tú.

Eres el amigo que siempre está ahí, el sagrario permanente, fuente de amor, de felicidad y de alegría. Del trato contigo, a solas y en comunidad, brota la bondad, la fraternidad, el valor para ser mejor ser humano y vivirlo con integridad, de modo especial en este tiempo tan excepcional.

Señor Jesús, el mejor Pan, el que tiene “denominación de origen” es el “Pan vivo bajado del cielo”. Sabemos que la fe no es fruto de nuestro esfuerzo ni voluntad, tampoco un capricho o una moda. La fe es un don de Dios, la descubrimos al descubrirnos hijas e hijos suyos, y la encontramos al acercarnos a ti, que eres capaz de dar vida partiéndote y repartiéndote, que contagias algo diferente a lo que nos puede dar cualquier otro “pan”, que eres fuente de comunión y encuentro.

Señor Jesús, haznos a nosotros pan para los demás, alimento cercano y humilde, que se sabe siempre de Dios. Pan que sacie el hambre, que dignifique vidas, que levante del suelo y libere de la opresión a los que sufren la miseria y el hambre. Haznos como tú, pan que se entrega cada jornada para el bien de todos. Así te lo pedimos. Así sea

Óscar Alonso Peno

Responsable Área Pastoral FEC