3 de febrero: “Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?” (Mc 5,1-20)

Señor Jesús, una mañana más me siento afortunado, abro los ojos, comienzo la bendita rutina, hago mi oración, me dirijo al trabajo y en medio de todo, acompañándolo todo, aquí estás tú. Me llamas por mi nombre y por mi nombre me conoces.

Señor Jesús, pasan los años y si echo una mirada hacia atrás, ahí te encuentro: cuando sobre mí derramaron el agua del bautismo y me consagraron sacerdote, profeta y rey; cuando años más tarde me senté a tu mesa y compartí por primera vez el pan que hermana y envía; cuando el día de mi confirmación te dije sí, sí a seguirte, sí a intentar ser como tú, sí a anunciarte con la vida, sí a vivir guiado por tu Espíritu; cuando cada vez que reconozco mi culpa, tú me escuchas, me miras con ternura y con cariño me perdonas y me pides que intente vivir según tu modo de procedes. Hoy, como tantas veces estos años, me llamas por mi nombre y por mi nombre me conoces.

Señor Jesús, hay muchos pies que lavar, muchas tinieblas que iluminar, muchas cadenas que romper, muchas enfermedades que curar, muchas soledades que acompañar, muchos a los que anunciar que tú existes y que eres una buena noticia para su vida… por eso, una mañana más, te pido que me llames por mi nombre y por mi nombre te seguiré. Dispuesto estoy. Gracias por estar en mi vida, gracias por este inmenso don que es la fe que me sostiene, me alienta y me lleva a los demás tal y como tú quieres que hacia ellos vaya. Gracias Señor por llamarme por mi nombre una mañana más. Así te lo pedimos. Así sea

Oscar Alonso Peno

Responsable Área Pastoral FEC