Martes 11 de noviembre 2025
"Somos servidores inútiles; no hicimos más que cumplir con nuestra obligación" (Lc 17,7-10)
Padre Bueno,
reconozco que mi oración casi siempre es de petición,
a veces casi de exigencia:
no me canso de pedirte fe, esperanza, caridad;
no me canso de pedirte por los demás, por mis seres queridos,
por los que se fueron y se van cada día,
por mis enemigos, por los que no tienen trabajo, ni pan, ni paz.
No me canso de pedirte
para que a mí y a los míos nos vaya bien.
No me canso de pedirte.
Padre Bueno,
reconozco que pido mucho, seguramente agradezca poco
y olvide con frecuencia que pobre siervo tuyo soy,
que todo cuanto soy, sé, siento, sueño y tengo es tuyo;
olvido con frecuencia que si tú no me sostienes
se tambalea toda mi vida,
que si tú no estás detrás de cada cosa, nada me da felicidad completa;
olvido con frecuencia que eres mi Padre,
que hijo tuyo soy y que los demás,
todos los demás, son hermanas y hermanos míos a los que me debo.
Padre Bueno,
en esta oración ni te pido ni te agradezco:
simplemente te digo que quisiera sentirme
más que siervo tuyo, hijo tuyo,
más que siervo, servicial,
que ojalá cuanto hago es cuanto tenía que hacer
y que sigo confiando siempre, hoy más que nunca,
en que toda mi vida reside y reposa en ti.
Me gustaría ser menos exigente,
más agradecido, menos de mí y más de ti.
Ya sabes dónde me tienes.
Así te lo pido. Así sea
Oscar Alonso Peno
Responsable Área Pastoral FEC
