Señor Jesús, si quieres puedes limpiarme de mi falta de caridad,
de mi ausencia de misericordia,
de mi escaso compromiso, de mi arrogancia,
de mi creer que busco tú voluntad
y de mi comodidad excluyente.
Señor Jesús,
si quieres puedes limpiarme de mi fe infantil,
de mi querer vivir lo de antes, de mis dudas,
de mis cegueras y de mi indiferencia
generadora de desigualdades e injusticias.
Señor Jesús,
si quieres puedes limpiarme de mis pobres palabras,
de mis comentarios poco acertados,
de mi incapacidad para ponerme en el lugar de los otros
y de mi servir interesado y retransmitido.
Señor Jesús,
si quieres puedes limpiarme de mi ego,
de mi creer que todo lo hago bien,
de mi pensar que puedo solo,
de mis muchas debilidades y carencias,
de mi cansancio y de mis muchas equivocaciones.
Señor Jesús,
si quieres puedes limpiarme ¡Quiere, por favor! Lo necesito.
Mi corazón te busca y necesita de ti.
No me dejes solo.
Mantenme en tu santo servicio.
Y ahora, Señor Jesús, que cerramos un curso
y estrenamos las merecidas vacaciones,
concédenos un descanso sereno,
un disfrutarlo todo a otro ritmo,
un recargar baterías con familia, amistad,
tiempo libre, leer sin prisas, no hacer nada…
Gracias, Señor Jesús, por estos meses de Evangelio y oración.
Si así lo quieres, en septiembre retomaremos
esta bendita rutina de dejarnos empapar
por tu Palabra y de orar en red.
Gracias por tanto.
Así te lo pedimos. Así sea
Oscar Alonso Peno
Responsable Área Pastoral FEC
