“Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro” (Lc 6,39-42)
Señor Jesús, como es costumbre en tu Iglesia, iniciamos este viernes enclave penitencial. Hoy nos hablas de la imposibilidad de guiar a otros si nosotros no vemos, si estamos incapacitados para ver por la ceguera. No la ceguera física sino la ceguera del corazón, esa que nos hace jueces, superiores, tertulianos y opinadores de la vida de los demás sin antes detenerse en la propia vida y reconocer que no todo está bien, que quizás somos los primeros en necesitar que conviertas nuestro corazón. Convierte nuestro corazón y abre nuestros ojos para ver con misericordia.
Señor Jesús, ¿por qué cuanto más cegados estamos nos empeñamos más en fijarnos en los errores, en las faltas, en los detalles de la vida y obras de los otros en vez de reconocer con humildad que nosotros estamos heridos de egoísmo, de vanidad, de dar consejos por doquier, de creernos más que los demás o de pensar que en nuestra vida no hay nada que cambiar? Ayúdanos a escrutar el propio corazón y a dejarnos transformar por tu amor. Convierte nuestro corazón y abre nuestros ojos para mirar con misericordia.
Señor Jesús, haz que hoy hagamos nuestro propio examen de conciencia, caigamos en la cuenta de todo lo que nos entristece, de todo lo que nos está matando, de todo lo que no ayuda a construir, de todo lo que nos aleja de la felicidad de vivir en el amor, porque entonces, solo entonces, veremos claro y podremos ir hacia los hermanos y ayudarle a volver al camino correcto. Convierte nuestro corazón y abre nuestros ojos para contemplar con misericordia. Así te lo pedimos. Así sea
Oscar Alonso Peno
Responsable Área Pastoral FEC
